Un año caracterizado por una reducida producción pero de una altísima calidad, propia de añadas míticas.
Desde el principio del ciclo el viñedo ya daba signos de que podríamos estar ante una añada de una calidad altísima: racimos sueltos, baya pequeña, cierto adelanto en el envero y una sanidad impecable.
Septiembre entró fresco lo que hizo que la planta descansara, abandonando el estrés provocado por la sequía y las altas temperaturas de agosto, conservando la acidez y potenciando la carga en color y aromas, un final de madurez lento y pausado, algo realmente excepcional.
La vendimia comenzó en Resalte el día 28 de septiembre por la zona de Peñafiel y terminamos el día 12 de octubre por Baños de Valdearados, una de las zonas más frescas y de mayor altitud. 15 esplendidos días de vendimia en los cuales el tiempo ha acompañado en todo momento, la vendimia se realizó de forma pausada, esperando la madurez ideal en cada parcela. Este año como novedad hicimos uso de una cámara frigorífica, lo que nos permitió meter la uva a solo 5 º de temperatura. De esta manera la uva sufre aún menos el procesado y comenzamos una maceración en frio a las pocas horas de ser vendimiada en el campo.
Una vez elaborados los vinos notamos ese potencial visto en el viñedo claramente marcado: elegancia, complejidad, equilibrio, gran carga frutal, además de potencia y finura en los taninos como característica fundamental.
Las malolácticas, las cuales ocurren de forma espontánea y natural, se realizan en barricas nuevas, y una vez terminadas, los vinos estarán listos para comenzar su envejecimiento en barrica.